domingo, 17 de junio de 2012

Mezclando presente y pasado (o la nota de cata que esperó casi 20 años)


Tres semanas sin escribir es mucho para un blog, ¿verdad?

Aunque este blog nació como una casualidad, para apuntarme a la gran movida del #ffda (ver posts anteriores), ahora ya está creado, y también sabe mal matarlo así, sin más.
Así que intentaremos escribir algo, buscarle un sentido y si lo tuviere una continuidad.


Escribir sobre cerveza ahora, que hay tanta facilidad para el tema, y tanta gente que sabe un montón, va a ser difícil.

Cuando descubrí el mundo de las cervezas fantásticas (vía Bélgica) no había blogs, ni websites sobre cerveza... ni sobre nada. Internet era un reducido  grupo de servidores al que en este país sólo se podía acceder desde universidades y pocos sitios más. Letra verde sobre fondo negro. Los cerveceros locos de la época tenían sus pequeños santuarios en algunos grupos de las llamadas "News" y en algunos bbs's de la época (como ISCA en Iowa), y pare usted de contar.

Nuestras fuentes de conocimiento de la época eran líquidas. Probábamos cervezas y nos gustaban mucho o poco, y no sabíamos apenas de estilos más de lo que nos querían informar las etiquetas de la época.
Nos sabíamos de memoria los grados de todas las cervezas del Maes de Sabadell, del Tropezón de La Llagosta, y lo poco más que nos caía en las manos.

Mi primer libro de cerveza, "Great Beers of Belgium", lo compré en el pabellón de Bélgica de la Expo de Sevilla, en 1992. En aquel momento, que nuestros caldos favoritos eran belgas, aquel libro se convirtió en nuestra biblia, y yo en un evangelizador pregonando la palabra del señor. Del señor Michael Jackson.
El cantante desteñido no, el connaisseur de la barba! (que Sint Sixtus tenga en su gloria)

Si en aquel momento hubiera empezado un blog como este, el señor Michael Jackson me hubiera acusado por plagio.


Como ya dije en otro post, por casualidades de la vida conocí a mi amigo Rik, que curiosamente era belga.
De la misma manera que nosotros estábamos impresionados del nivel de la cerveza belga, Rik quedó impresionado de lo locos que estábamos por el tema.
A los dos más locos del grupo, a Pere y a mi, nos obligo a visitarlo y para ser sinceros, no le tocó insistir mucho...

Nuestras fuentes de conocimiento pasaron a ser "in situ".
Visitamos fábricas tanto artesanas como industriales, cervecerías clásicas y no tan clásicas donde nos bebimos hasta el agua de los floreros (maltada, fermentada, etc, que conste!) y descubrimos otras maravillas del país que sólo vienen al caso delante de una cerveza, en conversación entre amigos.

Volvimos sabiendo algo más, y con algunos centenares de cervezas en el maletero, aproximadamente las mismas que en el interior.


Si en aquel momento hubiera empezado un blog como este, hubiera podido publicar quizá la primera reseña de cata en castellano y/o catalán de ciertas cervezas belgas. No hubiera sido una gran reseña, pero con algo se empieza!

En estos momentos y después de tanto rollo no sé aún como resolver la continuidad del blog, pero se me acaba de ocurrir como va a terminar este post.


En mi apreciado FDA (Fondo De Armario, término acuñado por birraire), tengo algunas cervecitas que guardo para buenas ocasiones, y los 18 años de mi colla castellera, Castellers de Sabadell, y el peazo actuación que hemos hecho bien lo valen!

Puestos a abrir una cerveza relacionada con este post, he buscado mi pequeño stock de la Brouwerij Van Den Bossche. Fue la primera que visité en mi primer viaje y a la que le tengo por ello cariño. Mi amigo Rik conoce personalmente al propietario y consiguió que nos hiciera una visita guiada, por la patilla.

Después de un pasacalles rápido por parte de sus instalaciones, el señor Van Den Bossche vio que realmente estábamos locos, así que interrumpió la visita, nos llevo hacía la puerta de salida... y nos lo empezó a enseñar todo de nuevo, con gran lujo y profusión de detalles.

Mientras Rik traducía del flamenco, nosotros veíamos con unos ojos como naranjas abrirse sacas de malta y lúpulo, con explicaciones mucho más allá de lo que podíamos comprender para la época. También se abrieron para nosotros gran parte de las compuertas y grifos de la maquinaria, donde vimos por primera vez protocervezas a medio hacer por unos, residuos por otros y información maravillosa por todos.

Mis primeras cervezas del señor Van Den Bossche me las regaló él mismo. Pere y yo nos repartimos una caja de 24 botellas mientras Rik nos decía que éramos unos cabrones (en perfecto castellano), y que en los años que hacía que él compraba allí no le había regalado nunca ninguna!


Si en aquel momento hubiera empezado un blog como este, hubiera abierto unas botellas suyas y las hubiera elogiado.

Aprovechando pues que tengo algunas de ellas en mi FDA, y particularmente una Pater Leuven Tripel a medio beber (jejeje), voy a acabar este post mezclando pasado y futuro y con una pequeña nota de cata, para practicar, que estoy algo desentrenado.

(como no son horas de pasar fotos al ordenador, pongo esta que he sacado de aquí)

La Pater Lieuven Tripel es una cerveza triple, de 8º, refermentada en botella.
El mérito no es mío, lo pone la etiqueta.

De color ámbar, genera una buena capa de espuma de entrada. Quizá no dure demasiado, pero afortunadamente tampoco desaparece del todo. En este caso el mérito creo que es del gas, pues es una cerveza bastante carbonatada. Este detalle resulta para mí una sorpresa muy agradable, pues la botella marca como fecha de caducidad el 2008 (lo cual vuelve a enlazar este post con el #FFDA).

El gusto predominante es la malta, dulzarrona sin ser empalagosa, azucar sin ser caramelo. Pan tostado, no quemado. Con los ojos cerrados hubiera apostado por un color más oscuro, la verdad.
Mi recuerdo de la misma cerveza "del año" no es el de ser una cerveza muy lupulizada, pero si lo hubiera sido en su día los años no han dejado gran rastro.

Los 8º están muy bien escondidos. No ofenden a nivel de aroma (ya por si acaso la serví en cáliz), ni en boca, y si acaso se notan es en un pequeño rescoldo de calor en garganta, muy agradable por cierto (a mi gusto y parecer personal, que conste en acta).

El regusto no es muy fuerte, pero se prolonga lo suficiente como para recordarte al cabo de un rato lo que acabas de beber, sin cambios.

Una cerveza fácil, agradable, sin sorpresas de principio a final. Una muy digna triple.


Desde aquí mi agradecimiento, reconocimiento y pequeño homenaje al señor Van Des Bossche, que incluyo oficialmente en la lista de culpables.