domingo, 9 de junio de 2013

#FFdA 3.0 (Finde Fondo de Armario - ahora sí: las cervezas)

Después de ver que al menos una persona ha leído la entrada anterior, y que aparentemente se ha quedado con las ganas de saber que botellas he abierto, voy a satisfacer su curiosidad.

En las anteriores ediciones, mi #FFdA empezaba en viernes, pero en esta ocasión no ha sido posible.
Es el problema que tiene cuando estás encerrado en un bar con los amigotes por culpa de la lluvia...
(y menos mal que en el local de mi colla castellera acostumbra a haber Leffe, Grimbergen, Hoegaarden, Art y alguna cosilla más).

O sea que la cosa en sí empezó el sábado, y por cierto ese mismo día se celebraba en Sabadell un evento al que tenía que asistir por todos los medios: el tercer aniversario de Moixeró (y inaguración de Eat Me Alice).

Moixeró es una de las catedrales del vicio en Sabadell (C/Advocat Cirera 28), proveedores de mi armario cervecero (no tanto como me gustaría) y promotores de la cultura cervecera donde los haya. Su mayor defecto es no haber aparecido antes, cuando yo tenía más dinero y menos obligaciones y canas.
Para más información, el señor Birraire les hizo una reseña muy chula que podéis leer aquí.
(Joan, tienes que volver aunque sólo sea para probar los pastelillos, que están de la muerte y no sólo de cerveza vive el hombre)

Sí, ya sé que una tienda no es un armario, pero el blog es mío y hago con el lo que quiero. No creo que os importe mucho que hable de cervezas antes de hablar de cervezas, ¿no?

Aunque menos rato del que me hubiera gustado, me pude pasar a saludar y felicitar a Ramon y compañía.
Y como Ramon se encontraba parapetado al lado de un par de tiradores de cerveza nos vimos obligados a probar su contenido. ¡Que dura es la vida de la gente curiosa!

La primera cerveza del día pues fue una Birra 08 Barceloneta "dopada".
La palabra dopada apuntaba directamente a "más lúpulo", como sospechaba. Muy sabrosa, el "toque extra" le daba unos aires como de fruta tropical que no supimos acabar de definir, y sólo coincidimos dos opiniones en que tenía un toque ácido como la piña, pero sin la parte dulzarrona. Como nunca los gustos coinciden, mi señora que és menos afín a lo amargo se queda con la versión "en botella".

En la segunda ronda, nos recreamos con la creación personal de Ramon: La Tossa 2.537.
En esta versión de la ya clásica sabadellense, se impone más el carácter "Ipero" del autor, aunque sigue siendo una cerveza redonda con mucho cuerpo. ¡Bien por Ramon! Como nota de cata exótica, mi mujer le ha encontrado siempre un toque como a Brie o Camemebert "muy curado", broma recurrente en nuestras visitas.

Con gran pesar abandoné la celebración, pero aún pude aprovechar para comprar un par de botellitas, para reponer las que iban a caer luego en casa.


Ahora sí: las cervezas del #FFdA propiamente dicho

Aunque en este blog hablo a veces de mi señora esposa, santa madre de mis hijas y divina paciencia que me soporta, nunca ha tenido un gran papel ni se ha hecho famosa como la "Yaya Birraire", así que se me ocurrió durante la cena darle un poco de protagonismo en este #FFdA.

Cuando conocí a Eva, decía que no le gustaba la cerveza. Después de nuestro noviazgo y especialmente de un viaje a Bélgica pasó a decir que lo que no le gustaba era la Estrella Damm. En este viaje se aficionó a un par de estilos: las "witbier" y las "vlaams rood" (red ales flamencas), y de estas últimas iba a ir el tema.

Así que curiosamente aparecieron en la mesa una Rodenbach Grand Cru y una Duchese de Borgogne, ambas a la vez, con la sana intención de que mi mujer hiciera por una vez una pequeña cata comparada.

La verdad es que se lo puse difícil, pues las dos se parecen mucho, y una cena con dos niñas de 8 y 10 años no es el mejor momento de tranquilidad para una cata concienzuda, pero aún así la cosa fue bastante bien.
La Duchese salió ligeramente mejor valorada por tener un puntito mayor de dulzor, mientras que la Rodenbach la encontró algo más ácida. Eso no quita que le gusten muchísimo las dos, así que mi próximo amigo que suba a Bélgica tendrá que traerme algunos "6-pack", que yo tampoco les hago ningún asco y me encanta ese toquecito un poco de vino y un poco de vinagre.

Después de quedarme yo solito, con mis horarios de buho trasnochado, saqué artillería más pesada.
De entrada una cerveza que me trajeron sus majestades los Reyes Magos de Oriente (también clientes de Moixeró, parece ser): la IPA de Snake Dog.


Además de tener una deuda pendiente con esta marca americana, de la que tenía muy buenas referencias, me apetecía un cambio de registro, algo con más grado y más amargor. Así que un gran acierto de Sus Majestades, que ya saben que el lúpulo corre por mis venas.

Una cerveza con cuerpo, espuma elegante y un aroma penetrante de lúpulo con toquecitos de limón.
Muy cálida en boca, la malta sale a pasear un rato cuando el lúpulo te deja un respiro, sobre todo hacia el fondo de la copa.

Decididamente y para mi gusto, sus siglas significan: Im Presion Ante.

Y puestos a acabar de pagar mi deuda con los USA, y para hacer la cata un poco temática, apareció también una hermana de esta joyita: la Gonzo Imperial Porter, también de Flying Dog.


Muy, muy buenas sensaciones para una cerveza de un estilo que no frecuento, al que me empecé a aficionar en el #BBF13, pero al que le voy cogiendo el gustillo.

Malta quasi-omnipresente, entre pan tostado y "pastilla juanola". Me sorprendo que en esta cerveza el marcado tono a regaliz me guste en vez de molestarme, y probablemente la diferencia se deba al subido perfil alcohólico de este cañón.

Ha venido a mi memoria un anuncio viejuno de la tónica Finley, "sabor dulcemente amargo", pues sin quedar escondidos tras el dulzor esta cerveza se permite el lujo de tener unos toques lupulosos fantásticos a mi parecer, especialmente en un larguísimo retroaroma.

Con esta cerveza densa y espesa, de trago espaciado como me gustan cuando me puedo permitir un rato de tranquilidad, me he permito estirarla durante una hora larga, cosa que no me sucede todos los días, así que me veré gratamente obligado a repetirla en más de una ocasión.

Así acaba el sábado pero me gustaría comentar que dormí como los ángeles y me desperté fresco como una rosa, cosas las dos que también debo reconocer como virtudes de las cervezas en cuestión.


Domingo noche. El descanso del guerrero

Para matar un fin de semana agotador, entre actividades familiares y infantiles, nada mejor que una cerveza.

Como ya comenté en su día, preparando la cena de nochevieja aparecieron unas botella#FAVQEPDRDLC de las que disfruté como un gorrino. Pero una de esas botellas se quedó sin abrir...

No me he atrevido a hacerle pasar el calor estival, pobrecita mía, así que era un buen día para abrirla.
Tampoco era plan de que se estropeara, ¿verdad?

Así que para disfrute mío y envidia de otros, señoras y caballeros les presento a...
(redoble de tamborrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr, ¡plato!)

Cantillon Gueuze 1995




Se la dedico en especial a esos lectores que sólo entran aquí porque les gusta sufrir.
MuaahahahhaHAHAHAHA (risa de malo).

Aunque amenazaba ruina inicialmente, gran satisfacción al salir el corcho casi de una pieza, aguantado el tipo pese a su longeva edad. Ennegrecido por fuera, seco sequísimo, pero sólo ha dejado caer unos trocitos de nada.

Después de su largo cautiverio en botella, el líquido ha salido como era de esperar sin nada de espuma. En vaso ha quedado con un color meloso muy bonito.
Como sus hermanas más jóvenes, o quizá hasta más, muy muy ácida en boca, con predominio de vinagre de vino "de mi tío Tomás" y hasta limón puro. Un poquito de sidra entre el tacto en boca astringente y el regusto final un pelín dulzón sin llegar a empalagoso.

Aunque mi mujer siga sin entender como me puede gustar esta cerveza, especialmente oliendo como huele, yo no puedo dejar de sentirme enamorado de este tremendo caldo, y de llorar su pérdida y el hueco que dejará para siempre en el fondo (ahora sí) de mi armario.