miércoles, 5 de diciembre de 2012

Mi primer caso de Lupus, ya era hora (Dr. Gregory House)

Estando yo tan tranquilo en mi casa esta noche, con toda la familia ya durmiendo y con ganas de tomarme una cervecita, he abierto mi caja de nuevas adquisiciones y me he encontrado con una sorpresa:

¡Tengo lupus!

En concreto una Wolf 8, según la etiqueta de Brouwerij Lupus.


Cuando uno ve una etiqueta tan negra escondiendo una cerveza tan oscura y anunciando 8.5º, ya se puede imaginar de qué va el tema: maltas tostados, azúcares, café, regaliz, etc.

Mi sorpresa inicial ha sido una bonita capa de espuma beige, cremosa, que hasta me ha formado una bonita "magdalena", que no he sido capaz de captar en la foto. La frondosidad inicial de la espuma ha ido reduciéndose paulatinamente aunque no ha desparecido del todo, y bastante ha quedado adherida a la copa, aún sin formar aros completos.

En cuanto al aroma, me esperaba notar mucho más el alcohol, pero afortunadamente no ha sido así: Café, caramelo "de flan" y esa especie de olor a habitación cerrada bastante característico en las cervezas belgas contundentes. Algún día aprenderé algo y lo podré explicar mejor, pero mucha malta y poco lúpulo.

La primera sensación del gusto ha sido un tanto curiosa. Me ha transportado a una juerga castellera universitaria en Baó, el día que descubrí la Jenlain. Pero no es a la cerveza francesa a lo que me ha recordado. Aquella noche cuando se acabó el alcohol, acabamos haciéndonos "cubatas" de... ¡cocacola con nescafé! (uno ha sido joven y ha cometido excesos, jajajajaja).

Sí, sí. A mi también me ha sorprendido la relación, pero pronto he tenido que darle la razón a mi subconsciente. De entrada un gusto dulzón algo picante en boca, recordando algo la efervescencia (sin mucho gas en el líquido, aunque quizá algo ayudado por la generosa capa de espuma inicial). Como una cocacola... de 8,5º. Después de ese primer momento, el gusto ha pasado más bien a ser un potente ataque en toda regla de azúcar de caña con algo de café en fondo, como si mojaras un poco un terrón de azúcar moreno en el café y luego lo dejaras fundir bajo la lengua, llenando la boca en el quizá sea el momento más bonito de esta cerveza, para mi gusto al menos.

El regaliz llega en cambio en el retroaroma, con suavidad pero claramente. Más como el original en raíz y no una pastilla Juanola, para entendernos. Fantástico pues muchas veces el gusto excesivo a regaliz de algunas cervezas oscuras me puede llegar a molestar. No ha sido el caso.

La cerveza se ha ido "espesando" a lo largo de la degustación. Mi primera impresión ha sido de poco cuerpo, quizá engañado por la apariencia inicial de la espuma y por lo disimulado que está el alcohol, aunque de cara al final se ha "alquitranado" un poco más, dejando salir cada vez más la malta.

Final dulce: azúcar quemado, como el de la "crema catalana" y algo más de regaliz.
Por buscarle algún defecto, quizá me haya dejado la boca un poco pastosa, pero se le puede perdonar fácilmente.

En resumen una cerveza muy agradable, que sin ser excepcional me ha gustado hasta obligarme a escribir estas líneas.